Arne aus den Ruthen y el debate en torno a sus métodos

Foto por Saúl Ruiz

Nota aclaratoria: este artículo no empequeñece ni engranda los quehaceres del funcionario público. Si no estás de acuerdo con algún punto, termina de leer para que entiendas mi postura final.


Tiene un par de meses que escuché la polémica en torno a la delegación Miguel Hidalgo y cómo usa Periscope para evidenciar ciudadanos que incumplen normas cívicas. Apenas hace unas semanas conocí (virtualmente) al hombre detrás del debate: Arne aus den Ruthen.

Cuando escuché lo que hacía el administrador de la delegación (city manager, si prefieren), lo primero que pensé tenía que ver con el respeto a los derechos humanos. De hecho, ese es precisamente el centro del debate actualmente: si lo que hace su equipo como representantes de la delegación es legal o no. Lo más fácil para mí hubiera sido sumarme a la campaña en contra de este particular servidor público, pero antes de hacerlo simplemente por mi postura política, quise investigar un poco más acerca de qué hace que tanta gente lo critique mordazmente. Al final de mi análisis tengo sentimientos encontrados, pero eso no se traduce en indecisión de si estoy de acuerdo o no con sus métodos, como explicaré a continuación.

Arne aus den Ruthen y los supercívicos

Según las propias palabras del city manager en entrevista en unotv, su trabajo es administrar la parte técnica de las acciones en la delegación, en especial servicios urbanos, desarrollo social y protección civil. Esto implica todo lo que tenga que ver con el espacio público, por lo que el contacto con los ciudadanos es incluso mayor que el del delegado o delegada, en este caso.

En la cara buena de este fenómeno tenemos un funcionario público que enfrenta escoltas de importantes empresarios que no se sienten, sino se saben por encima de la ley al menos en México, lo que ya le mereció una golpiza y un intento de secuestro (o de una «calentadita», por lo menos). No pasó nada en esa ocasión porque, al ser el city manager, tiene el respaldo y la fuerza policiaca detrás de él, caso contrario a los supercívicos, por ejemplo, quienes al ser ciudadanos «de a pie» corren mucho más riesgo al enfrentarse a empresarios prepotentes y a «autoridades» que abusan de su poder.

Este plus que tiene Arne aus den Ruthen le da mucha libertad a la hora de enfrentar ciudadanos, pues por mucho poder que tenga el funcionario o empresario, la delegación Miguel Hidalgo puede ser un contrapeso considerable. El problema está en que los videos transmitidos en vivo exponen totalmente a la persona en él, lo que supone también una invasión a la privacidad. Los supercívicos hacen lo mismo y hasta ahora nadie ha hecho un problema de ello (más que los que salen en sus videos), pero eso tiene que ver en que ellos no están ejerciendo un cargo público, sino haciendo que se cumplan las funciones públicas y denunciando abusos de las autoridades, lo que tendrían que garantizar también las delegaciones y poderes gubernamentales por defecto.

Democracia o elitismo fascista

¿Es lo mismo que un ciudadano grabe funcionarios a que un funcionario grabe ciudadanos? Por supuesto que no. Más allá de la fórmula repetida un millón de veces que dice que los funcionarios decidieron sacrificar un poco de su privacidad por desempeñar un cargo público, la investidura de poder político que recae sobre Arne aus den Ruthen pone en juego varios elementos que no están de igual manera implícitos en los supercívicos ni en ningún otro ciudadano. Si uno ve las publicaciones de su cuenta de Twitter o las transmisiones en vivo de Periscope se podrá dar cuenta que el funcionario no sólo es odiado por un amplio sector, sino adorado por otro. Muchas personas festejan los videos (y las ridiculizaciones implícitas) con comentarios de aprobación y piden más acciones de este tipo contra servidores públicos corruptos y contra «ciudadanos gandallas», como el city manager ha llamado a las personas que apartan lugares de estacionamiento en la vía pública o que tiran basura en las esquinas. Como consecuencia, hay un amplio sector de la ciudadanía que exige el cumplimiento de la ley como si pidiera la muerte del derrotado en el Coliseo Romano, y no lo digo por exagerar, simplemente hay que ver los comentarios en vivo de los que reciben la transmisión de Periscope y muchos son agresivos en contra de los atrapados in fraganti. El problema de fondo es que cuando Arne aus den Ruthen evidencia a una señora que tira basura en la calle, el problema es que esa persona es una cochina, no que el servicio de limpia sea insuficiente o ineficiente y que los botes de basura en la calle sean prácticamente inexistentes; cuando se lleva a la procuraduría al dueño de un perro por salir a pasearlo sin correa, el problema es que eso es un delito, no que no haya áreas adecuadas para que los perros puedan correr y jugar sin correr riesgo ni poner en riesgo a nadie más; cuando destruye tubos y cualquier elemento que sirva para apartar un lugar de estacionamiento frente a la casa de un ciudadano, el problema es que la vía es pública y no debe ser exclusiva de nadie, no que las constructoras sobreexploten el espacio con pocas regulaciones por parte del gobierno y que no construyan estacionamientos suficientes ni siquiera para los inquilinos; etc. Por supuesto, Arne aus den Ruthen podrá argumentar (y estoy de acuerdo) que su trabajo es hacer que se cumpla la ley, no cuestionarla ni resolver problemas sociales que México no ha podido resolver en 100 años. Es más fácil atender y criminalizar actos superficiales que intentar resolver problemas de fondo, el problema es que esos problemas de fondo no los atiende ni siquiera Peña Nieto como supuesta cabeza de la nación, y Arne aus den Ruthen, como funcionario público, contagia ese espíritu de criminalizar y culpar solamente a las personas al final del efecto dominó, práctica desafortunadamente muy popular en las democracias contemporáneas ―por no decir de elitismo fascista― («el pobre es pobre porque quiere»).

En la entrevista en unotv la entrevistadora (que más que entrevistadora parece palera1) menciona algunos comentarios negativos que ha hecho la ciudadanía en contra del city manager. Sobre todo, los comentarios giran en torno al respeto de los derechos humanos. Para evitar violar derechos Arne aus den Ruthe ya no usa el término «vecinos gandallas», sino «ciudadanos civifóbicos» con el argumento de que eso es lo políticamente correcto. También dice que esos requerimientos son «una estupidez», porque «sólo en China, Irán o países así se censura el uso de las redes sociales». De acuerdo en eso, sin embargo, el city manager pierde de vista que aquí no se pretende censurar el uso de las redes sociales en México, sino el uso que hace de ellas un servidor público. Tampoco que lo políticamente correcto no pasa por utilizar términos rebuscados o con palabras rimbomantes, sino en el respeto cuando uno se dirige hacia otro ser humano. Por muy políticamente correcto que sea el término «ciudadano civifóbico», si cuando lo dice usa una voz enrarecida o levanta las cejas y las manos es incluso más ofensivo que si les dice vecinos gandallas. Este debate ya lo hemos visto con la manera de referirse a las personas «discapacitadas», «de capacidades diferentes», «tontas», «locas», etc.: el problema no radica del todo en la palabra (aunque claro, hay de palabras a palabras), sino en el respeto cuando se enuncia. De igual modo, el problema con la manera de operar de Arne aus den Ruthen no está en que grabe o no, sino en que ridiculice a quienes graba (culpables o inocentes). Claro, si quien está siendo grabado presume de sus conexiones en el gobierno, de su poder económico o simplemente es prepotente, esto es mucho más difícil, pero tener enfrente a un patán no te da derecho de ser otro patán peor, mucho menos si eres un funcionario público, por lo que quien evidencia debe tener cuidado para no convertirse en el evidenciado.

Lo positivo de un funcionario que realiza sus funciones

Esto tampoco quiere decir que lo que Arne aus den Ruthen hace sea absolutamente malo. Creo que cualquiera que enfrente funcionarios públicos abusivos, empresarios o civiles con poca civilidad es valiente y debe resaltarse (tenga respaldo delegacional o ningún tipo de respaldo); pero también creo que los medios para llevar a cabo esta estrategia no son los mejores. Tomen como ejemplo el video enlazado de la señora que tira basura: el city manager no es grosero ni agresivo en ningún momento, e incluso le ofrece la opción de recoger su bolsa y que no pase de una llamada de atención, pero con la actitud prepotente de una señora que está acostumbrada a tirar basura en la calle y que no pase nada, es difícil llegar a un acuerdo que no perjudique a ninguno.

Por un lado, qué bueno que en el país del no pasa nada se haga valer la ley; por el otro, ¿por qué tiene que llegar un funcionario público a amenazar con transmitir en vivo al infractor para que los policías que están en las inmediaciones hagan su trabajo? Si el motor detrás de hacer videos es respaldar el trabajo de un servidor público y su equipo, podría videograbar infractores y omitir las señas particulares de las personas (borrando las caras o algo así).

Desafortunadamente para los mexicanos, el problema central no es si un funcionario hace uso de la vergüenza para hacer cumplir la ley, ni tampoco si los ciudadanos no saben que pasear a su perro sin correa sea una falta cívica o no, sino que la falta de educación en general tiende a provocar corrupción e impunidad en todos los sentidos y hacia todas las áreas de la sociedad, lo que no se resuelve evidenciando en vivo ni atacando a un funcionario público que hace su trabajo (aunque sea de una manera polémica o no aceptada universalmente).

  1. Mexicanismo que quiere decir «persona que ayuda a otra, fingiendo no conocerla, a hacer trampas en juegos de azar o de destreza»; o «persona que favorece o ayuda a alguien en términos de público que aplaude en representaciones artísticas o en mítines políticos»; o «ayudante convenenciero de grupos o de dirigentes políticos». Carlos Montemayor, Notas sobre nahuatlismos.

Mauricio Gómez

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