El quehacer editorial independiente. ¿Independiente de qué?

Hay muchas razones para buscar alternativas al camino tradicional de la publicación, y lo más seguro es que la mayoría no tenga nada que ver con escasez de calidad, como podrían argumentar algunos. Max Stirner, filósofo alemán contemporáneo de Marx, Engels y Nietzsche, en su libro El único y su propiedad se preguntaba no cómo el poder nos domina, sino por qué dejamos que nos domine y por qué necesitamos de esa dominación. Esto podría ser equiparable a pensar por qué necesitamos que nos digan cómo proceder, qué hacer, qué consumir; por qué necesitamos transitar por caminos perfectamente delineados incluso si no estamos 100% de acuerdo con su destino. Stirner estaba preocupado, sobre todo, por la lógica del lugar: ¿cómo saber que, al atacar o criticar ciertas formas de poder, no se terminará por hacer exactamente lo mismo? En el caso editorial, proponer un quehacer independiente podría terminar llevándonos a lo mismo que supuestamente estamos combatiendo, exactamente la crítica del posanarquismo a la lógica del lugar en el poder del Estado. En términos editoriales, ¿cómo estar seguros que no terminaríamos sucumbiendo a las demandas de la lógica mercantil de la maximización de rendimientos cuando nuestro modelo de trabajo enfrente dificultades respecto al presupuesto?

A principios del milenio, gracias también a la nueva tecnología, surgieron muchas editoriales que se hacían llamar independientes con la intención de contrarrestar el peso y poder que tenían las pocas editoriales que habían sobrevivido al Tratado de Libre Comercio. Claro, las editoriales que lograron superar la última década del milenio eran grandes corporaciones trasnacionales, por lo que lograron esa transición sin morir en el intento. Por el contrario, estas nuevas editoriales independientes tenían que surgir prácticamente de la nada y competir con grandes rivales ya asentados en el mercado. Entre ellas estaban Sur+, Almadía, Tumbona Ediciones, Mangos de Hacha, Sexto Piso, El Billar de Lucrecia, Alias, La Cifra, Trilce, Ficticia y muchas otras; algunas ya desaparecidas, otras pocas todavía en operación.

Este nacimiento de múltiples voces fue algo bueno, pues añadía propuestas interesantes a la cultura en México. Sin embargo, sucedió un fenómeno interesante en torno a la categoría de «edición independiente», pues muchas editoriales sólo utilizaban ese adjetivo como palabra de moda, «alternativa», indie, como sinónimo de «reciente creación», cuando en realidad querían decir que tenían poca o nula inversión inicial y nada más.1 Sólo algunas pocas editoriales encontraron en este adjetivo un espíritu autónomo, combativo, crítico e inquisidor de la lógica hasta ahora considerada normal; una lógica que hace apenas 20 años había terminado prácticamente con cualquier propuesta cultural local para dar paso a las grandes transnacionales.

El problema de lo independiente va más allá de la simple nomenclatura, pues muchas de las editoriales de nuevo milenio habían nacido como propuestas «alternativas» que no alteraban nada; eran caudillos —en el mejor de los casos— de una revolución que tenía como fin quitar al tirano en el poder para remplazarlo con su mejor héroe sin siquiera tocar el lugar de poder en sí. No basta solamente con cambiar al sujeto en el poder, en este caso: la empresa capitalista por la editorial independiente. La manera de desplazar no sólo la figura, sino el lugar, sería cambiar la editorial (la empresa) como la entendemos: como un lugar que genera empleo con el fin de producir capital y que opera bajo las órdenes de una cabeza, una jerarquía piramidal que funciona verticalmente, de arriba hacia abajo.

Un marco teórico para cuestionar la concepción tradicional de empresa la encontramos en los critical management studies, corriente de pensamiento originada en Gran Bretaña que nació precisamente en los modelos que inauguraron las escuelas de negocios de Estados Unidos a principios del siglo XX. Estas escuelas tenían y tienen la encomienda de formar directivos y profesionales capaces de gestionar y administrar empresas y, de paso, defender el libre mercado, la maximización de rendimientos, etc.2 Desde la crítica a la administración es posible evidenciar cómo la discursividad embebida en el management «configura, homogeniza y ejerce poder sobre las actividades que los trabajadores realizan en las organizaciones».3 Desde la perspectiva que inauguran estos trabajos se puede plantear la problemática de un mundo cada vez más enfocado en el fin monetario sin importar los medios, lo cual funciona en detrimento de las personas e incluso del planeta.

Al igual que liberar no quiere decir hacer gratuito, la crítica a los management studies no quiere decir que haya que abolir la concepción económica de las empresas para pensar en organizaciones que funcionen sin recursos monetarios. Esta es una concepción común que mucha gente comparte (sobre todo en los círculos de izquierda más radicales) y que en la realidad es imposible llevar a cabo al menos hoy en día. Sin embargo, esto tampoco quiere decir que las empresas sólo deben enfocarse en generar recursos económicos porque no hay escapatoria a la lógica que inaugura el dinero, sino que existen maneras diferentes de pensar la empresa desplazando el lugar central o de único fin que tiene la moneda; el problema no es el dinero, sino los abusos, crímenes y segregaciones que se perpetran por obtenerlo.

Desde hace varias décadas tenemos recursos teóricos para pensar en otro tipo de economía, como la economía social, donde lo importante es generar empleos, bienes y servicios más que dinero sólo porque sí. Según la Ley de la Economía Social y Solidaria en su artículo 3:4

El Sector Social de la Economía [es al] que hace mención el [...] Artículo 25 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el cual funciona como un sistema socioeconómico creado por organismos de propiedad social, basados en relaciones de solidaridad, cooperación y reciprocidad, privilegiando al trabajo y al ser humano, conformados y administrados en forma asociativa, para satisfacer las necesidades de sus integrantes y comunidades donde se desarrollan.

Este pensamiento, incluido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, privilegia el desarrollo humano por encima de los beneficios económicos. La base de un trabajo con relaciones laborales horizontales que privilegie el trabajo y el desarrollo cultural del ser humano está incluido en la Constitución, por lo que —al menos en teoría— debería ser posible proponer caminos contemplados por la ley para un quehacer editorial desde una óptica distinta (copyleft), aunque la Ley del Derecho de Autor —que está subordinada a la Constitución— no los contemple. De hecho, la definición constitucional de economía social me hace pensar en por qué se tiene que definir en un documento de esta índole un tipo de colaboración económica que implique solidaridad, cooperación y reciprocidad. Esto nos sugiere, por lo menos, que el modelo «tradicional» de economía —el que opera por defecto, por lo que no hay que estipularlo en ningún documento legal— promueve valores antagónicos: competencia, individualidad, concentración de poderes, diferencia y exclusión, lo cual concuerda con el modelo que promueve la propiedad intelectual, la exclusividad, la limitación y la protección, en vez de la apertura, la colaboración y cooperación. De esta manera, un proyecto editorial independiente no es el que no tiene inversión inicial o que fundan ex trabajadores de cualquier editorial transnacional para hacer exactamente lo mismo a escala, sino el proyecto que concibe su quehacer desde una postura política radicalmente diferente con fines determinados distintos al fin clásico de generar recursos económicos a la cabeza de la pirámide jerárquica.

  1. V. Abenshushan y L. Amara, Edición y maremoto: la edición independiente en México. Disponible en: «http://avispero.com.mx/Mexico/Edicion-y-maremoto-la-edicion-independiente-en-Mexico». Fecha de consulta: 20 de octubre de 2015.

  2. Carlos Jesús Fernández Rodríguez, Una introducción a los critical management studies, p. 2. Disponible en: «http://www.econ.uba.ar/www/institutos/epistemologia/marcoarchivos/ponencias/Actas%20XIII/Trabajos%20Episte/Fernandez%20Rodriguez%20trabajo.pdf». Fecha de consulta: 1 de septiembre de 2015.

  3. Miguel Imas, Una introducción a los estudios críticos del management, 09 de junio de 2015. Disponible en: «http://17edu.org/blog/item/785-una-introduccion-a-los-estudios-criticos-del-management». Fecha de consulta: 1 de septiembre de 2015.

  4. Disponible en: «http://www.diputados.gob.mx%2FLeyesBiblio%2Fpdf%2FLESS.pdf». Fecha de consulta: 01 de septiembre de 2015.

Mauricio Gómez

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