Por qué dejé de usar Instagram

Deslizo el dedo sobre la pantalla refulgente de mi teléfono y veo cuadros de colores, imágenes que alguien más capturó con su teléfono o una cámara especial más profesional (aunque ya sean minoría). En general veo imágenes de calidad (técnica y estética) y me topo, de repente, con videos en loop infinito con orejas y lengua de perro sobre las caras de los que ahí aparecen...

Tengo más de 30 años y soy un criptopunk (o loco paranoico para algunos), sé de sobra que la mayoría de los servicios que se ofrecen hoy en día en internet no son para mí. Sin embargo, hay servicios que utilizo porque, a pesar de sus contras, me sirven o encuentro alguna utilidad en ellos. En general por eso he usado Instagram, porque a pesar de ser una plataforma abundante en spam y propiedad de Facebook, la simpleza para compartir fotos era grata.

Cuando escuché de Instagram por primera vez ni siquiera tenía un teléfono inteligente, por lo que veía con recelo e incluso coraje que no tuviera una plataforma web para poder utilizar sus servicios vía PC, como cualquier servicio anterior a 2010. Cuando por fin pude abrir una cuenta y empecé a utilizar la red social ya era tarde: todo el mundo tenía cuenta ahí y, si no tenías (tienes) cuidado, tus contactos de Facebook automáticamente son notificados de que también eres usuario de Instagram, lo que hace que ambas redes sociales se junten y acabas por seguir y ser seguido más por presiones sociales que por intereses comunes (algo que en su momento critiqué de Facebook y que en Twitter parece ser contrario).

Mi primera cuenta de Instagram la borré a los pocos meses de haberla abierto, sobre todo gracias a que, por no haber sido cuidadoso, tenía un stream line de puras fotos estúpidas de cafés, comida, mascotas y demás cosas sin el mínimo cuidado estético que uno habría de esperar en una red social de fotos. Y no digo esto porque yo sea muy buen fotógrafo, al contrario, pero cuando me dispongo a ver fotos espero que al menos haya cierta voluntad detrás por obtener una buena imagen.

Reabrí mi cuenta no sé con qué esperanza, y cuando Instagram me hizo el favor de decirle a todos mis contactos (sin que yo utilizara Facebook) que tenía cuenta y medio mundo me agregara sólo porque sí, decidí volverla a cerrar (no sin comentarios reprobatorios de mis conocidos). Años después volví a intentarlo tratando de pasar desapercibido, lo que me dio mucho tiempo grato de seguir y ser seguido por personas con intereses y visiones similares (como siempre debió ser), no por gente que «conozco». Pero llegó Snapchat.

Snapchat es una red social que nosotros los que nacimos en el milenio pasado entendimos en su momento como una aplicación más de mensajería. Como casi todos mis contemporáneos, abrí y cerré Snapchat porque no le entendí (ríanse si quieren). Pero la aplicación no paró de crecer y ganar seguidores, por lo que ahora tiene más usuarios que Instagram precisamente porque no sirve sólo para mandar mensajes e imágenes, sino para interaccionar con nuestros seguidores de múltiples maneras, por lo que famosos y compañías tienen también su cuenta. El elemento revolucionario de Snapchat ―y que es lo que lo ha hecho triunfar― es que los «snaps» pueden ser públicos o no y tener una duración particular según los deseos del o la usuaria, lo que hace que cada quien tenga una línea personal de publicaciones con duraciones variadas para cada snap. Esto está muy bien si tu vida es muy interesante y a mucha gente le gusta saber qué haces todo el tiempo (o si tienes un cuerpo envidiable y te gusta o simplemente tienes varios stalkers). Evidentemente mi vida no es tan interesante, no quiero compartir mis banalidades con cualquiera y no quiero publicar todo lo que hago, así que, definitivamente, Snapchat no es para mí.

Cada quien a lo suyo, sin embargo, Instagram es una aplicación que deja mucho dinero a través de fotos promocionadas y patrocinios de diversas empresas, por lo que es importante mantener una base de usuarios fuerte. ¿Y cómo se mantiene uno en la lucha de ser el mejor? Pues copiando lo que ya ha funcionado y eliminando lo que no, por eso Instagram tiene años añadiendo funciones de Snapchat y otras redes (la «nueva» función Stories, mensajes directos, fotos privadas, etc.), por lo que hoy en día hay pocas diferencias entre una red y otra.

Soy un hombre de gustos simples, y yo lo único que quiero es publicar algunas fotos que, según yo, no estén tan mal estéticamente hablando. No quiero publicar mi día a día, no quiero tomarme selfies cada 20 minutos ni tener una base de seguidores que vaya creciendo, por eso no quiero utilizar una red social así. Hoy borré mi cuenta sin dejo de culpa. De todos modos, en la red de Instagram casi no tenía seguidores; eran más lo que iban o comentaban mis imágenes desde Twitter, y ahí puedo seguir compartiendo contenido sin importar la plataforma en donde cuelgue mis fotos.

Mauricio Gómez

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