Trasfondo escrito para una campaña de D&D 5e ambientada en Ravenloft.
Las aguas del Moonsea estaban misteriosamente tranquilas ese día, tal vez a la expectativa de lo que todo el mundo sabía a estas alturas: la aparición de una misteriosa Bruma Blanca que simplemente borraba de la existencia todo lo que abarcaba, incluso asentamientos enteros.
—Bajen las velas —gritó Eryndor, la capitana del Nightweaver—, partimos de inmediato.
El consejo shadar-kai había convocado una reunión de emergencia, pues había noticias de que en Ravenloft, peligrosamente cerca de aquí, la Bruma Blanca había hecho de las suyas y nadie sabía cómo ni de dónde había surgido esta anomalía; tenían que actuar rápido.
Uldar llegó a lo más alto de la embarcación en un par de saltos, conocía de memoria los mástiles y palos en los cuales apoyarse para soltar las velas. Con un solo movimiento soltó el nudo del papahigo que él mismo había atado con un nudo sumamente firme y, al mismo tiempo, fácil de soltar. Al poco rato ya estaban surcando las oscuras aguas del Moonsea con Uldar como vigía en lo más alto de la embarcación.

La tripulación del Nightweaver era fuerte y hábil, a lo largo de los años había luchado con shadow sea serpents, cloakers, darkweavers e incluso con dark ones, humanoides rivales con los cuales competían por territorio y recursos. Uldar planeaba las rutas y siempre veía antes que nadie las amenazas inminentes, lo que le daba tiempo a la embarcación para tomar la primer ofensiva, algo que su capitana valoraba.

Un mal día el Nightweaver llegó a un islote que aparentemente no tenía nada, pero la curiosidad hizo que Uldar solicitara investigar por un extraño reflejo en la costa. Eryndor accedió y se vieron rodeados por wrights que trataron de llevarlos a las sombras. Zaladar, el mejor espadachín de la tripulación comandó la defensiva pero no logró repelerlos del todo, por lo que se hizo uno con la oscuridad, algo que hasta la fecha atormenta a Uldar porque fue su idea la de bajar a investigar.
—No seas idiota —le dijo Eryndor— la orden la di yo, no tú. Pero Uldar sabe que de no haber visto aquel reflejo y de no haber sido tentado por la curiosidad, Zaladar todavía estaría vivo. Al final, lo único que encontraron en ese islote fue un pequeño catalejo que no importa a donde vea, siempre muestra la realidad azotada por una gran tormenta (trinket). Uldar lo conserva como recuerdo de Zaladar y de que nadie será convertido en no muerto mientras él pueda evitarlo.
Ahora se dirige a Ravenloft, pues al ser un excelente navegador en tierra como en mar, los shadar-kai decidieron que él sería el indicado para hablar con Alanik Ray, el detective que convocó a su gente para saber qué hacer con la Bruma Blanca, tal vez en Ravenloft pueda redimir sus errores del pasado, tal vez en Ravenloft pueda detener la anomalía y regresar como un héroe a casa.
