Fausto, trasfondo de personaje para Werewolf: The Apocalypse

Trasfondo para un personaje de Werewolf: The Apocalypse, un lingüista ocultista enfocado en el mundo espiritual.

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Fausto, trasfondo de personaje para Werewolf: The Apocalypse

"Suelo desgastado, tapiz de las paredes pelado casi por completo, un hoyo en el techo, una barra". Anotó todos los detalles en su libreta sin dejar nada a la imaginación.

—¿Era esto una cafetería? —Le preguntó aunque conocía la respuesta.

Sí, probablemente era una cafetería al lado del mirador cuando la gente venía aquí a ver la ciudad que todavía no se tragaba esta parte del bosque —pensó para sí—. Se agachó, tomó la moneda que estaba en el suelo y la guardó en su bolsillo.

—Creo que te fue bien a pesar de todo, aquí estás, ¿no? —añadió sin esperar una respuesta.

Fausto siempre había sido así; desde niño encontraba cosas que para muchos eran imposibles, como llaves que nadie reconocía, monedas viejas que tenían años sin circular o plumas de aves que nadie más había visto. Se perdía en los caminos más simples porque, según él, seguía una sonido, un aroma o algún camino que no podía encontrar después.

Contrario a lo que les pasa a otros garou, el primer cambio de Fausto no fue con una rabia violenta, sino un nuevo conocimiento que lo hizo entender el mundo de manera distinta: caminando en el bosque, de pronto dejó de escuchar aves, insectos, viento, todo lo que hace estar vivo al bosque. De un momento a otro el mundo no tenía sonido y ahí entendió que algo lo miraba; cuando supo que realmente nunca estaba solo, su mundo nunca volvió a ser el mismo.

Un día, explorando un edificio abandonado, vio su reflejo en un charco de agua estancada, pero su reflejo no lo seguía, sino que se movía independientemente; el pánico de ese descubrimiento fue lo que provocó su primer cambio.

Afortunadamente, desde su cambio siempre ha contado con Tulio, un experimentado Theurge que ha sido su mentor, aunque siempre que habla con él sale con más preguntas que respuestas, pues siempre ofrece su guía de manera enigmática, sin una guía directa.

Cuando creció, estudió lingüística porque le fascinaba la relación arbitraria entre una cosa y el sonido para designarlo, significado y significante, le decían en semiótica, por lo que se obsesionó con los nombres de las cosas animadas e inanimadas. Estudiando las palabras y su poder escondido fue que dio con algo más, ecos de algo que se queda más allá de lo físico.

Ahí también conoció al profesor Lucio, que a pesar de no saber absolutamente nada más allá del velo, le enseñó que cada lenguaje es una forma de ver el mundo, le enseñó a creer en el poder de las palabras.

—Te prometo que volveré con una cafetera para que revivas viejos tiempos —le dijo al edificio medio derruido mientras le tomaba una foto con su cámara instantánea al interior de la sala. Guardó la fotografía y emprendió el camino de regreso.